lunes, 30 de octubre de 2017

¿Imposible?

                      Por Dr. Juan Jesús Muñoz García, Profesor de Psicología Clínica de CeDe



Algo imposible es algo que no puede ser, suceder o realizarse. Tirando del diccionario hablamos de algo irrealizable e incluso inalcanzable que consigue adquirir un carácter quimérico y/o utópico. Lo imposible se aleja de lo factible y viable suponiendo algo que, precisamente por su dificultad, se inviste de un atractivo que intensifica nuestro deseo por su alcance. Asociados a ese deseo pueden estar sueños, anhelos, sentimientos, ilusiones y un sinfín de estados emocionales que nos ayudan a ver lo imposible como algo que quizá sólo tarda un poco más.

Siempre he querido pensar que nada es imposible y, salvando la redundante imposibilidad de aquello que no puede ser, creo que casi todo es factible. Para que algo sea posible debe poder concretarse. Hasta los afectos más penosos como el dolor, miedo, desilusión, pena, fracaso o la soledad pueden ser vencidos con sus antagónicos placer, valor, ilusión, alegría, éxito o una buena compañía. Desde este prisma, pocas cosas son inasequibles. A lo sumo, lograr que un perro maúlle o que viajemos en el tiempo (aunque quien sabe esto último).

Paradójicamente para conseguir lo imposible hay que hacer lo imposible por lograrlo. Al fin y al cabo la vida no deja de ser un gran viaje en el que estamos sometidos a continuas subidas y bajadas con escasos momentos llanos de relax que, en todo caso, han de ser aprovechados para coger un impulso que nos lleve a una nueva oportunidad de acercarnos a nuestros objetivos. En las cosas más sencillas suelen estar las claves para llegar a nuestros utópicos objetivos y convertirlos en algo poco probable pero no inasumible. Y es que para que algo sea imposible deben de existir factores contundentes que impidan, por todos los medios, su alcance. Podemos hacer que algo que aparentemente es infinito se vuelva tangible con sólo desearlo un poco más. Todo está en convertir los sueños en acción y en descubrir los medios para  reducir lo infranqueable que pase de ser algo hipotético a algo probable.

Así pues a cristalizar nuestros pensamientos y a evitar las añoranzas. Regocijarse en estados emocionales negativos sólo puede generar fracaso, por lo que debemos modificar lo que hacemos para lograr cambios sobre lo que queremos.  Decía Paulo Coelho que sólo una cosa vuelve un sueño imposible, el miedo a fracasar. Y que cierto es que la única manera de superar nuestros límites es intentar vencerlos acercándonos  a lo imposible.

Resumiendo, que mientras hay vida hay esperanza y como no se hizo Roma en un día sugiero los ingredientes típicos que no suelen fracasar en el logro de empresas aparentemente inviables. El esfuerzo, perseverancia, optimismo, ilusión y confianza en uno mismo suponen algo tan intenso que si encima está acompañado de sentimientos positivos, seguro pueden reducir la demora de palpar lo deseado. Al fin y al cabo, no hay imposibles para quien  sabe trabajar y esperar, algo que extrapolado al mundo de los emociones me lleva a pensar que los seres humanos estamos conformados con la capacidad de plasmar nuestros sueños y aspiraciones

Como último consejo para lograr lo imposible recomiendo ser uno mismo. Vivimos en el mundo de la información y del consejo gratuito. Al final, siempre hay alguien que nos dice como debemos de obrar o actuar, incluso como debemos sentir. Muchas veces estamos inundados de todos estos artefactos y no escuchamos nuestro interior. Sopesando nuestros pensamientos, emociones y comportamiento, así como su integridad ante la dificultad, podremos ser realistas a la hora de valorar la plausibilidad o no de algo y, lo más probable, es que nos demos cuenta que hasta un perro puede aprender a maullar y lograr lo imposible.


martes, 24 de octubre de 2017

Carabirubí…

 Por Dr. Juan Jesús Muñoz García, Profesor de Psicología Clínica de CeDe


Carabirubá, yo no sé qué tienes que cada día me gustas más… Cuidado, las personas lectoras de este artículo que estén tentadas a huir por desavenencias con el intérprete de esta canción deben de conceder el margen de la duda al redactor. De la misma forma, los fieles al Fary no deberán dejarse llevar por tan melódico ritmo y sí estar atentos a lo “profundo” de la pieza. No dando un matiz filosófico al asunto pero intentando ir más allá (admito que es un poco forzado), el epíteto subyacente a este tema musical es la duda (entiendo que puede adquirir un carácter cuasi-existencialista) de por qué a una persona le puede gustar más otra. Y sí, hay personas que nos resultan extremadamente atractivas y quizá cada día nos gusten más, mientras que otras perfectamente podrían generar un tema musical antagonista cambiando el me gustas más por un me horrorizas más.

En un esfuerzo de positivismo optaré por lo de gustar y, en ese sentido, puede ser útil dar unas pautas acerca de lo verdaderamente atractivo. Eso sí, que nadie obvie que para gustos los colores y que siempre para un roto hay un descosido, por lo que no desfallezcamos si nos cuesta resultar atractivos. Me vienen a la cabeza frases de cuestionable calado filosófico como “dientes, dientes…” y pienso en que unos susodichos bien proporcionados y con separaciones óptimas entre sí aderezados con un color que tienda al blanco marfil son más atractivos que los que se acerquen al amarillo limonero. Dicen por ahí, que a las mujeres les atraen (resultan más atractivos) los varones con emociones negativas en su rostro (inquietud y/o melancolía) mientras que a ellos les gustan mujeres instauradas en la alegría (al menos facial). De poco servirían unos piños blancos aderezando las respectivas expresiones faciales mencionadas si no se apuntara con el mentón hacia arriba dejando que el mayor peso de uno de nuestros hemisferios cerebrales inclinase, por inercia, levemente la cabeza (adornada con unos ojos grandes y azules) hacia un lado.

Pensando en otras cualidades, quien puede negar que nos gusta más alguien que transmite calma y relajación frente a una persona que nos inquieta, aturde, genera ansiedad, infringe miedo…Está bien, voy a parar de desarrollar esta última idea, porque me doy cuenta que muchas veces no nos dejamos llevar por lo atractivo y somos fagocitados por personas que generan estas emociones negativas. Hecho el inciso, parece ser que hay que vestir de rojo, seas hombre o mujer. Reconozco que mi vestidor sólo reserva tan hermoso color para la equipación deportiva del club de fútbol de mis amores. Al fin y al cabo, todos hemos oído lo de rojo pasión o simbolizamos el amor con un corazón rojo. Lo dicho, a comprarnos ropa roja para resultar más atractivos. Por cierto, en los chicos la barba se asocia a madurez, salud e incluso mayor estatus y autoridad, por lo que si se considera que esto puede resultar atractivo… ya sabéis. Ahora bien, hay resultados contradictorios que orientan hacia el mayor atractivo de un buen rasurado facial. Añadamos a esto características como un aspecto saludable, personalidad adaptada a la vida en pareja y un nivel cultural similar. Todos estos aspectos pueden verse aderezados por un buen efecto halo y entonces ya sí que seremos atractivosde verdad”. Por favor, seamos personas honestas, leales, sinceras, compresivas y en quienes se pueda confiar. Ahí ya sí que sí, nuestro atractivo puede ser irresistible.

Quien le iba a decir al Fary que la respuesta a su Carabirubí era una mujer vestida de rojo con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, mentón erguido y dientes blancos. Pero aún hay más si uno se pone biologicista (evidentemente aquí hay que tener ciertas e importantes reservas derivadas de nuestra socialización). En principio, serían más atractivos hombres musculados y con un peso equilibrado y/o proporcional a su altura. Ese hombre grande y fuerte podría sentirse más atraído por mujeres con un peso equilibrado también (aunque menor la proporción que en hombres), caderas anchas y senos grandes. Tanto biologicismo me aburre porque el ser humano es más complejo que todo esto tan básico y, al fin y al cabo, afortunadamente tenemos muchos matices. Sin embargo, no puedo evitar señalar que cualquier declaración de amor resultará más certera si se realiza hablando delicadamente al oído derecho de la persona objeto de tal panegírico. Total, las emociones positivas se vinculan más al hemisferio izquierdo y con esta declaración contralateral hay más posibilidades de evocarlas.


Decía Nietzsche que a menudo la sensualidad apresura el crecimiento del amor, de modo que la raíz queda débil y es fácil de arrancar. Me resisto a tal pesimismo y prefiero no luchar contra unos ojos rayos de estrellas que deslumbran al mirar… Tranquilos, no estoy siendo poseído por Lope de Vega, sino por la música del Fary… y es que el perturbador estribillo de esta canción retumba en mi cabeza. Carabirubí

jueves, 12 de octubre de 2017

Experiencias Residentes PIR 15. Mi primera evaluación psicológica.


Semanas atrás os contaba la importancia de tener diferentes modelos para ir enriqueciéndote progresivamente, pero claro, no todo iba a ser observar… Por ello, hoy os quiero hablar de cómo pasé de ese rol de observadora pasiva a uno mucho más activo y que probablemente os resulte más interesante a todos.
Si bien es cierto que el haber visto trabajar a otros te ayuda a hacerte una idea bastante aproximada de en qué consiste una terapia, cuando eres tú el que te tienes que poner delante del paciente parece que esa idea comienza a difuminarse y empieza a ser reemplazada por un gran miedo al fracaso. Ahí es donde comienza un sinfín de preguntas retóricas: ¿Sabré que decirle? Y si no lo sé, ¿qué hago? ¿Y si lo hago mal? Y así sucesivamente.
En mi caso, lo bueno fue que sabía que me encontraba totalmente respaldada por una persona que me iba a ayudar a sacarlo adelante en caso de no encontrarme preparada, mi adjunta, y eso proporciona cierta sensación de alivio a ese miedo. Sin embargo, por otro lado, el saber que ella, que se ha convertido en un referente para mí, iba a estar presente desencadenaba otro tipo de dudas: ¿Qué pensará si lo hago mal? ¿Se decepcionará?
Así que con todo este manojo de nervios llegó el día de realizar mi primera entrevista psicológica. A medida que se acercaban las 11 de la mañana, tenía la impresión de que el tiempo cada vez iba más despacio… hasta que finalmente dieron las 11 y sonó el teléfono del despacho. El paciente nuevo había llegado y tocaba hacer cambio de roles, yo pasé a ocupar la silla principal y mi adjunta se situó en otra a mi lado, en un segundo plano. ¡¡No os podéis imaginar cuantísimo me temblaban las manos mientras el paciente se sentaba enfrente de mí!! Procedí a presentarnos a ambas y a explicarle que yo iba a ser su psicóloga ese día. El guión sobre lo que había que recoger en una primera entrevista lo tenía absolutamente claro (ya me había encargado de memorizarlo hasta la saciedad), pero pasó lo que tantas veces había observado y que tanto había deseado que no me pasara ese día: el paciente respondía a mis preguntas y me proporcionaba información pero sin ajustarse a mi perfecto esquema. ¿Y qué pasó entonces? Pues que ahí estaba yo, solventando la situación y demostrándome a mí misma que sí, había miles de cosas que aprender y mejorar, pero al mismo tiempo que era capaz de llevar a cabo con éxito esta tarea.
Ese día supuso un antes y un después en mi residencia y desde entonces, han pasado ya bastantes semanas, en las cuales a través del feedback de mi adjunta y de la propia experiencia he ido observando ciertos cambios en mi forma de entrevistar (para empezar una disminución del nivel de ansiedad previo). El camino aún es largo y me queda muchísimo por aprender, pero es enormemente gratificante el echar la vista atrás e ir observando tu propio progreso.
Este primer paso en la asunción de responsabilidad ha ido seguido de algunos más, que estoy deseando poder compartir con vosotros, pero hasta el próximo artículo vuelvo a enviaros todo mi apoyo y mi ánimo. ¡Vosotr@s podéis!
¡Muchísimas gracias a tod@s!

LAURA PÉREZ
Psicóloga Interna Residente

miércoles, 4 de octubre de 2017

¿Qué hacer si tienes un bajón emocional durante la preparación del PIR?



 A lo largo de la vida de una persona, en cualquier momento pueden aparecer problemas emocionales a los que hacer frente y, por supuesto, la preparación del PIR en ocasiones se ve ligada a este tipo de problemas.  Debemos distinguir estos de las pequeñas fluctuaciones del estado de ánimo que son completamente normales y derivadas al estilo de vida del opositor, de a las incertidumbres que puede suponer preparar una prueba de este tipo. Ahora bien, cuando los problemas del estado de ánimo se prolongan y son de mayor gravedad, con cuadros que presentan síntomas generalmente ansioso-depresivos es necesario hacer una parada y analizar qué está ocurriendo.

En primer lugar habrá que ver si existe un desencadenante claro y, en este sentido, nos referimos a si el estrés asociado a la preparación del PIR puede haber desencadenado este evento o son cuestiones que no tienen que ver con el mismo. Ambos casos se pueden dar y con relativa frecuencia llevan a replantearse qué hacer en esos momentos: continuar o no con la preparación. En cualquiera de los casos y más aún si está claro que la preparación ha sido el desencadenante, lo más sensato será darse un tiempo y buscar ayuda profesional con la que poder pensar con calma esta decisión, pues a veces la solución no es tan simple como pudiera parecer.

Dicho esto, vamos a analizar el perfil de lo que suele ocurrir en los casos en los que la preparación de una prueba como el PIR puede desencadenar toda esta serie de problemas.

La realidad es que el panorama laboral en España y, más concretamente, en psicología no ofrece demasiadas oportunidades, siendo el PIR la única salida actual para recibir el título de Psicólogo Clínico. No obstante,  las plazas para este todos sabemos que son muy escasas en relación a la demanda existente. Esto genera de por sí un escenario que favorece la aparición de temores e incertidumbres en cuanto al futuro profesional. Por otra parte, las personas que suelen tener más facilidad para desarrollar problemas emocionales en el transcurso de la preparación son aquellas que tienen una mezcla muy peligrosa: baja sensación de auto-eficacia y una elevada auto-exigencia. Partiendo de la base de que la preparación del PIR es una tarea que supone un estrés considerable a cualquier candidato, ya sea por el número de horas exigida, por la cantidad del conocimiento a estudiar o por el tiempo de preparación acumulado, cuando una personas considera que no tiene (y no tendrá) los recursos suficientes para hacer frente a esta tarea su nivel de estrés aumentará considerablemente. Y cuando hablamos de estrés hablamos justamente de la sensación que la persona tiene de que sus conductas pueden producir los resultados exigidos por una determinada situación. Además de esto, lo que puede agravar aún más el afrontamiento de esta persona es el grado de exigencia con una misma, pues si además de entender que no podrá hacer frente a las tareas de la preparación se culpa o se critica severamente por no hacerlo, la respuesta ante el estrés será aún mayor.

Suele ocurrir también que en este perfil de funcionamiento, aparece el famoso pensamiento dicotómico, que se traduciría en pensar que si no saca el PIR no conseguirá ninguna otra cosa o que es la única salida que existe. Esta combinación de diversas formas de pensamiento y afrontamiento al estrés, suele conducir a comenzar estudiando un mayor número de horas del necesario bajo una gran presión, con lo que, en poco tiempo, el rendimiento en el estudio comienza a decaer. Ante esto, en lugar de realizar otro tipo de acciones destinadas a tomar conciencia de lo que está ocurriendo, pueden aumentar aún más su esfuerzo diario en un ciclo que, si no se para a tiempo, puede desencadenar en un síndrome de burnout. Para entender mejor esta parte, sirve ayudarse de la siguiente metáfora: la persona actúa como un coche que se está quedando sin gasolina y que tiene la opción de pararse a repostar, pero, en lugar de eso, intenta llegar a su meta donde ve que hay otra gasolinera. Impulsado por la exigencia de llegar cuanto antes, aumenta la velocidad creyendo que así llegará a tiempo. Lo que no sabe es que el combustible se le acabará antes de llegar a su meta y se verá obligado a pararse definitivamente y pedir ayuda.


Esperamos que esta reflexión la hayáis encontrado de utilidad y nos encantaría oír vuestros comentarios o experiencia al respecto.  

viernes, 29 de septiembre de 2017

Experiencias Residentes PIR 14 . PRIMERA ROTACIÓN SUPERADA CON ÉXITO


Parece mentira pero han pasado ya cuatro meses desde que comenzó la residencia, y con ello llega el final de la primera rotación. Veo por ello conveniente echar la vista atrás y hacer una pequeña reflexión. Puedo así situarme en aquel Octubre de hace dos años, estudiando para el examen, yendo a clases los sábados y descansando únicamente el domingo; cuando lo único que me movía para todo aquello eran las ganas, ilusión, motivación y el “confiar en mí”, en que podría conseguirlo. 
Aquellos días eran rutinarios, muy pesados, algunos sentía más esperanza que otros, a veces pensaba “¿valdrá la pena?”,  otros me imaginaba con la bata blanca y la tarjeta identificativa de Residente de Psicología Clínica caminando por los pasillos de algún hospital de España, muchos otros tenía la sensación de que por muy duro que estaba siendo no quería quedarme con la duda de poderlo conseguir.
 Esa duda fue la que día tras otro me hacía levantar, desayunar y emprender un nuevo tema, hacer un simulacro, repasar un área, ampliar otra, etc…. Fueron rutinas muy diferentes a las que hoy en día tengo, si ahora me paso todo el día con la bata blanca, entonces me pasaba la mayoría de las horas con unas mayas, una sudadera, las gafas y una moño mal hecho  (Cuando soy consciente de lo que vivo ahora y recuerdo esos momentos, es paradójico pero sí, todavía a veces, tengo la sensación de estar soñándolo).

En estos cuatro meses he visto en mi misma una gran evolución, eso no quiere decir que tenga total dominio como psicóloga clínica pero sí, a nivel de confianza, destreza y habilidad ante el paciente, he notado mucha diferencia. 

Recuerdo la primera prueba de neuropsicología que pasé al primer paciente, estaba nerviosa con temor de no tener suficiente habilidad y que el paciente se sintiera incómodo. Cierto es que hasta la fecha no he tenido ninguna experiencia negativa o complicada, me refiero; a dificultad de gestionar una sesión o sentir cadencia en habilidades terapéuticas.

Finalizados estos cuatro meses que iniciaron con una transición en mi vida personal (cambio de ciudad, de trabajo, de casa, etc…), me expongo ahora a un nuevo cambio que supone otra transición, en este caso no tanto a nivel personal pero sí a nivel profesional. 
El siguiente servicio en el que rotaré será la planta de agudos  (durante los siguientes cuatro meses), siguiendo por las tardes en UEC durante las horas de atención continuada (las horas que son cómo guardias para un PIR).  Me parece especialmente atractiva la rotación en agudos. No se cómo será pero tras la experiencia en UEC, que el tipo de paciente es similar al de agudos, creo que me gustará mucho y quiero aprovechar al máximo aprender en terapia, adquirir habilidades terapéuticas y gestionar correctamente cada caso en particular. 


BARBARA CITOLER NAVAL , Residente PIR

martes, 26 de septiembre de 2017

El Maltrato Físico en Menores

                       Por Dr. Juan Jesús Muñoz García, Profesor de Psicología Clínica de CeDe


La victimización es un tipo especial de experiencia vital negativa que está al margen de otros factores estresantes y que supone el daño que a un individuo le causan otros seres vivos. El maltrato infantil es un tipo de victimización y como tal hay que conocerlo y tratarlo.

En la actualidad, el maltrato es un problema psicosocial de difícil envergadura, ya que un considerable sector infantil sufre agresiones de manos de sus padres. Pero aunque hoy en día se preste mayor atención al maltrato infantil, a lo largo de la historia no ha sido considerado como un problema por ninguna cultura ni en ningún período de tiempo. De lo que no cabe duda es de que los malos tratos permanecen hasta nuestra época debido, entre otras cosas,  a las creencias erróneas y a la ignorancia por parte de los padres de las necesidades físicas y emocionales de los niños. Algunos padres piensan que los niños son una propiedad de ellos y que pueden hacer lo que crean conveniente al igual que justifican los castigos físicos que son necesarios para conseguir disciplina. En este sentido, cuando los hijos no eran deseados, la mortalidad llegaba a alcanzar altas cuotas e incluso los niños eran vendidos como esclavos, muchas veces por la necesidad económica. Asimismo, el infanticidio no era una amenaza en determinadas culturas, ya que lo consideraban una forma de controlar la natalidad.

Las medidas de protección frente al maltrato ya aparecían en la época de  los griegos. Los filósofos siempre advertían de que los niños no debían ser maltratados en  las escuelas, si bien el cambio en los puntos de vista culturales no llegó hasta 1825 en Nueva York. La Sociedad Neoyorquina para la reforma de los Delincuentes Juveniles creó un refugio para los niños abandonados y maltratados. Posteriormente, en 1871 se creó la Sociedad para la Prevención de la Crueldad Contra los Niños, no siendo hasta 1909 cuando se funda la Asociación Americana para el Estudio y la Prevención de la Mortalidad Infantil. Previamente a la fundación de estas sociedades, Tardieu (1868) describió por primera vez  el síndrome del niño maltratado basándose en autopsias de 32 niños quemados y golpeados hasta la muerte. En el mismo año, el Hospital for Sick Children de Londres prestó atención a la cantidad de fracturas múltiples que sufrían los niños. No obstante, tuvieron que pasar muchos años hasta que se establecieran las causas de lesiones físicas infantiles, de índole traumática, provocadas por la violencia. Otro autor llamado Kempe (1979) organizó un simposio sobre el síndrome del niño golpeado presentando los puntos de vista pediátrico, psiquiátrico, legal y radiológico y marcando con ello un antes y un después en la historia de los niños maltratados.
Actualmente no sólo se pretende reivindicar los derechos de los menores y la persecución de los maltratadores, sino también intentar prevenir y atender las necesidades psicológicas y sociales de la infancia maltratada. Se asume que:

1.     El maltrato infantil es un tipo de victimización que implica una experiencia personal de daño infringido por otra persona. Una adecuada definición de maltrato infantil sería la que recogiese toda forma de violencia, perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, mientras el niño se encuentra en custodia de sus padres, de un tutor o de otra persona a su cargo.

2.   Existen diferentes tipos de maltrato entre los que destacan: el maltrato/abuso físico, el abandono o negligencia, el maltrato emocional, el abuso sexual y otros (explotación, maltrato institucional, corrupción, maltrato prenatal, etc.). El maltrato físico es el que más impacto provoca en la sociedad debido a sus manifestaciones físicas (magulladuras, hematomas, mordeduras, quemaduras, etc.)

3.    En la epidemiología del maltrato infantil las tasas oscilan entre el 0,2% y el 1,4% de la población menor de 18 años. Lo más frecuente es de negligencia y, en segundo y tercer lugar, el maltrato emocional y el físico. Las niñas sufren mayor abuso sexual y explotación que los niños, pero estos sufren mayor índice de maltrato físico. En cuanto a la edad la mayoría se sitúan entre los 11 y 15 años.

4.     Las secuelas médicas y psicológicas que presentan los niños maltratados físicamente son: retrasos en la adquisición del lenguaje y lectura, problemas escolares, retraso del desarrollo psicosocial, retraimiento en las relaciones sociales, conductas agresivas y antisociales, hiperactividad y trastornos emocionales tales como depresión, ansiedad y distimia.

5.       Los Servicios Sanitarios tienen una gran labor en la detección y notificación de casos y los Servicios Sociales en la intervención y atención al niño y su familia.


Los niños representan el futuro de nuestro mundo y sólo creando unos entornos de seguridad, afecto y respeto huyendo de prácticas aparentemente educativas punitivas podemos contribuir a un adecuado desarrollo social y de su personalidad

Lectura recomendada
Navas, E. y Muñoz, J. J. (2004). El maltrato físico en niños: consecuencias psicopatológicas e intervención. Anales de Psiquiatría, 20, 400-411.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Experiencias Residentes PIR 13 .17 de Agosto de 2017, Barcelona


        Ya hace prácticamente un mes, un mensaje de WhatsApp me alertó de lo sucedido. Era un Jueves por la tarde, y como ya sabéis, que os he contado en alguna otra ocasión estaba en UEC (unidad de estancia corta del servicio de psiquiatría). A los pocos minutos se corroboró la información de WhatsApp; parecía un incidente múltiple; pasada media hora aproximadamente, ya se catalogó como “atentado en la ciudad de Barcelona”

Dedicaré unas frases a cómo desde mi hospital se activó el protocolo IMV (Incidente de Múltiples Víctimas); cómo fue la gestión, coordinación y por supuesto como lo sobrellevé a nivel personal, que si ya me permitís adelantaros, fue lo más complicado.

Aquel día junto con mis compañeras estuvimos en el hospital hasta las 23:00 por si era necesaria cualquier tipo de intervención psicológica de urgencia. En todo momento nos coordinamos con el servicio de guardia de psiquiatría. En esos primeros momentos lo primordial era paliar los daños físicos, las víctimas que iban llegando estaban ubicadas en UCI’s generales y pediátricas, en quirófanos, etc. Como todos sabemos, el daño físico es el primordial, luego se despierta el emocional, que no por ser secundario o más tardío es menos importante.

Aquella noche, tristes, perplejas, dolidas y algo asustadas, cada una nos fuimos para casa. Al día siguiente nos esperaba una jornada con un número de pacientes incierto además de, probablemente, unas intervenciones muy “INTENSAS” por la envergadura de lo sucedido. Al día siguiente llegamos al hospital, cada una se dirigió a su servicio y a las 13:00 se convocó una reunión de urgencia en el servicio de guardia de psiquiatría. Desde trabajo social del hospital se habían solicitado psicólogos, puesto que estaban comenzando a darse las primeras demandas. Fuimos tres en total, dos compañeras y yo, todas residentes las que nos ofrecimos totalmente aquel día y disponibilidad plena durante todo el fin de semana. Ese día, el viernes (día posterior al atentado), el objetivo fue localizar a las víctimas, reconocerlas en cuanto a parentesco (había familias completas ingresadas) e identificar nivel de gravedad así como grado de necesidad de intervención psicosocial. La jornada del día fue, como os podéis imaginar, dura, pesada, y en algunos momentos personalmente, tenía la sensación de que estaba soñando aquello que estaba viviendo. Me parecía muy surrealista a los tres meses de comenzar la residencia, estar viviendo todo aquello; convivía un sentimiento de vulnerabilidad, de sentirme pequeña ante tal situación, a la vez que el afán por aprender y las ganas de hacer todo lo posible por ayudar, podían conmigo.

El sábado junto a nosotras se unió la psicóloga del hospital especializada en este tipo de sucesos. Ella fue “nuestra guía” para hacer todo el proceso tal y cómo tocaba. Éramos cuatro, según la demanda nos dividíamos de dos en dos. La estrategia de intervención fue la siguiente, a nivel intradisciplinar, cada dos horas aproximadamente nos reuníamos en un despacho para actualizar cualquier tipo de novedad, toda esta información era trasladada al responsable de la guardia de psiquiatría, quien al final del día escribía un documento con la situación actual de cada una de las víctimas que precisaban ayuda psiquiátrica y/o psicológica. A nivel interdisciplinar, fue muy importante la coordinación con el servicio de trabajo social del hospital; puesto que ellos se encargaban del aspecto más “administrativo”, con ello me refiero a gestiones relacionadas con embajadas, cónsules, prensa, llegada de familiares al aeropuerto, traslado de pacientes de un hospital a otro, etc. Eso permitió que todo nuestro equipo pudiera dedicarse íntegramente a cubrir los daños personales-emocionales. Abarcamos un total de 15 víctimas llegadas a nuestro hospital (entre las que se incluyen “directas”-presentes en el accidente e “indirectas”-no presentes en el accidente pero afectadas). La intervención fue muy intensa todo el fin de semana, y la semana que prosiguió, paralizamos la asistencia en nuestros diferentes servicios de rotación para atender las demandas que iban apareciendo a medida que pasaban los días. El equipo se mantuvo en constante activación y al 100% para que todo saliera lo mejor posible hasta que cada una de las víctimas y sus familiares fueron expatriados a sus ciudades de origen. La sensación de “normalidad” iba acercándose cada vez más. La evolución de todas las personas ingresadas era muy buena, las intervenciones quirúrgicas resueltas con éxito, post-operatorios con buen pronóstico…etc. Todo un cúmulo de señales que hacían al profesional, seguir allí manteniendo la fuerza y la esperanza en que cada una de esas personas recuperara sus vidas lo antes posible.

Llegado a este punto, entraré en la parte personal; en primer lugar creo que la clave fue creerme profesional de la salud mental, que si es un trabajo que a veces hay que hacer, en esta situación pienso que tiene que tenerse presente minuto a minuto puesto que es una situación muy crítica y la barrera entre lo personal y lo profesional es muy frágil. Pienso que el sentimiento de apoyo y unión en el equipo fue primordial para que todo saliera bien. Aprendí muchísimo de la psicóloga responsable de la gestión del incidente, QUÉ hacer, QUÉ NO hacer y CÓMO hacerlo. Por ello recalco que siendo muy duro fue una experiencia que tengo la sensación que no olvidaré jamás y que por ser la primera será diferente a cualquier otra que se dé. Lo que más me costó, y cierto es que hasta la fecha no me había encontrado con tal dificultad fue DESCONECTAR. Los discursos que nos llegaban estaban repletos, de dolor, de tristeza, de incertidumbre….Además de eso, el esfuerzo era doble porque existía una barrera idiomática con todas las víctimas; el inglés o el francés fueron las lenguas utilizadas, según el caso. Recuerdo todavía, el discurso de un papá, como nos decía que por un momento sintió haberlo perdido todo. Llegaba a casa y me costaba separar las vivencias que nos relataban, además era difícil desconectar porque en cualquier medio de comunicación aparecían noticias del atentado…Pasados los días llegué a una conclusión que fue la siguiente; NO EXCEDERSE ni dando información ni pretendiendo hacer una intervención “super-terapéutica” (son momentos en el que el simple “estar ahí” ya resulta terapéutico), SER MUY CAUTO Y PRUDENTE en todo momento (tratamos con personas en una situación muy crítica), tener una buena COORDINACIÓN Y COMUNICACIÓN CONSTANTE CON TU EQUIPO DE TRABAJO y sobre todo, CUIDARTE A TI MISMO.

Cerrando aquí tal experiencia “profesional”, no suelo hacer dedicatorias pero esta vez sí me gustaría remarcar unas palabras. Poniéndoos en conocimiento tal situación, me gustaría dedicar los minutos que invirtáis en leer este texto a todas aquellas víctimas del atentado del pasado 17 de agosto en la ciudad de Barcelona.

Barcelona sigue brillando; su clima, su rambla, sus plazas, sus calles y todas aquellas personas que vivimos en la ciudad día a día luchamos por hacer del atentado un incidente que no permita frenar vidas, ilusiones y las ganas de seguir disfrutando de la ciudad como siempre lo habíamos hecho.

BARBARA CITOLER NAVAL , Residente PIR